MARCELO GREZ


PASARELA
2006,  
Filed under: EXTRACTO, TEXTO

DE: EL EDIFICIO CONCRETO. M. GREZ
TESIS DE MAGISTER, P.U.C.C., JUNIO 2006
CAP IV, PP. 167-173

MONTAJE ▷   FOTO ▷

La mayoría de las pasarelas elevadas que cruzan avenidas con tránsito vehicular, están tipificadas; su hechura consiste en elevar el paso de los peatones a la altura de una viga estructural, adaptable a diversas longitudes y provista de escaleras o rampas regularizadas en los extremos, que salve el ancho de la calle. En ese esquema, cada tipo sería la optimización de otro tipo anterior dentro en un campo de estudio especifico y permanente referido al diseño normalizado de pasarelas.
En Valparaíso, cruzando la avenida que da hacia la costa, apareció un día, ocupando el lugar que de otro modo correspondería a una de esas pasarela tipificadas, un objeto concreto que, en cambio, era único, individual; que no estaba tipificado. Este objeto, estaba formado por el ensamblaje de tres partes bien diferenciadas entre sí, y que, hechas de madera, metal y cemento en distintas proporciones, parecían ser cosas sacadas directamente del ámbito amplio de lo preexistente en situaciones diversas del mundo real. Cada una de esas partes, dicho de otro modo, mantenía en este ensamblaje, un significado propio e individual que permitía que, al menos de manera visual, quien las observase pudiese nuevamente separarlas física y funcionalmente. La primera, era un segmento de arco que se asemejaba a la estructura autosuficiente de un antiguo puente curvo de madera, uno de cuyos extremos, el opuesto al mar, se apoyaba directamente en el suelo. La segunda, era un alto pedestal de cemento y barandas metálicas que, con un aspecto mucho más «industrial», quizá como el de un elevador de carga, un andamio, una plataforma de observación o una de las bases de hormigón prefabricadas recuperada de una autopista demolida, recibía el otro extremo del puente al otro lado de la calle. La tercera, era un escultórica escalera que, similar a la que se sobrepondría en el ingreso a un edificio, o en el descenso de un avión o un barco, descendía desde el pedestal paralela a la calle. Lo que el ensamblaje de estas precisas partes suscitaba, era justamente la evocación de la situación única que las reunía: la presencia del mar, un ancho de calle específico, y una breve plaza adyacente que recoge gran afluencia de gente que, al otro lado, aborda el bus o el tren. Era, en tanto a pasarela, mucho más que un objeto funcional, y como objeto funcional, era mucho más que una pasarela. Uno de los significados alternativos más evidentes, era el de constituirse en un «mirador frente al mar»; una estructura que, si careciese de la escalera lateral de descenso, seguiría funcionando como una muy orgánica prolongación, de ida y vuelta, desde plaza; o que si careciese incluso del puente curvo, accediéndosele sólo desde esa escalera, ajena a la plaza y a la condición de pasarela, se convertiría en un excelente mirador elevado que permitiría a la mirada, al superar el ancho bandejón del puerto saturado de maquinaria, cables y containers, contemplar directamente el frente marino. Pero lo que en realidad hace a esta estructura única y particular, es que dada su presencia de ésa manera y en ése lugar, esos significados coexisten sin dejar de constituir finalmente, una pasarela.

 

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