ESCALERA

FOTOGRAF√ćA: M. GREZ, 2018

Y aqu√≠ voy otra vez, bajando por esta inc√≥moda escalera que, para unir el patio de madera con la biblioteca que est√° debajo, se le ocurri√≥ dise√Īar y construir a un arquitecto. Recuerdo que la primera vez que baj√© por ella, sus escalones, de poca altura y ancho excesivo, hac√≠an tan lento el descenso, que para desentorpecer los pies, intent√°ndo mantener un ritmo natural, se suscitaba en uno la urgencia por descender a dos pelda√Īos. Pero de ese modo, el impacto de cada paso era tan violento y ruidoso, que repercut√≠a molestamente tanto en el cuerpo como en la paz de la biblioteca; por lo que no quedaba otra opci√≥n que la de volver a ejecutar los interminables pasitos cortos. Encontr√© despues, un escrito sobre esta escalera, que la defin√≠a como un¬†dispositivo¬†de transici√≥n; uno, cuyo prop√≥sito ser√≠a justamente el de adaptar el descender de la persona al cambio de ambientes. Se trataba con la escalera entonces, de un artefacto que, en lugar de unir progresivamente las cualidades de los dos espacios que vinculaba, suscitando una adaptaci√≥n consciente, operaba m√°s bi√©n como uno de los torniquetes del metro; o como un resalto en la calle; es decir, como ¬†un mecanicismo que pretend√≠a¬†atenuar¬†los pasos de quien descendia adaptando su caminar entre lo que era ¬ęarriba, afuera y bullicio¬Ľ, y lo que era ¬ęabajo, adentro y silencio¬Ľ. Hoy, cuando la uso, ya no me toma por sorpresa; ya no me obliga a ejecutar esa suerte de danza a un ritmo distinto, sino que ese nuevo ritmo es, para m√≠, su forma de¬†ser.¬†Una forma que me volver√≠a a sorprender si, con la repetibildad de los torniquetes o los resaltos, comenzase a aparecer en otras escaleras; y que dejar√≠a de sorprenderme del todo si su forma terminase por convertirse realmente en la de algo habitual; en la forma de¬†ser¬†de muchas escaleras ahora trasformadas en ¬ęatenuadores¬Ľ: un tipo de artefacto com√ļn que no necesitar√≠a que una voz externa lo explicase; o que explicase que su aparici√≥n no contiene un error, porque su concepto, en ese caso, ser√≠a ya parte de la cultura.[1]
Pero cada vez que la uso, me da por pensar tambi√©n, que no es tan f√°cil unir el¬†ser¬†de un objeto √ļtil hecho en la usanza o la habitualidad, al¬†ser¬†de un mecanismo nuevo que se tenga a bien¬†imaginar, y que, al menos por ahora, es injusto dotar de esa responsabilidad a la escalera alter√°ndole sus pelda√Īos; haci√©ndola una¬†anomal√≠a, cuya rareza,¬†o error, si me lo preguntan, s√≠ le a√Īade, al¬†mundo en que vivimos, un cierto inter√©s.

Notas:

[1]¬†es algo parecido a lo que ocurre con las escaleras mec√°nicas. En ellas, uno acepta la imposici√≥n maquinal de un artefacto, de un ingenio que sabemos oculta bajo la apariencia de una gentil escalera, sin que nadie deba explicarlo, un enorme animal silencioso de engranaje, cadena met√°lica y electricidad. Pero es un ingenio abiertamente esclavo que ya ha sido adjudicado a la categor√≠a de las cosas utilitarias puestas all√≠ para hacer de la mejor manera lo que se espera que hagan. La escalera mec√°nica no reclama la atenci√≥n de quien la usa por el hecho de que altere su respiraci√≥n o su paso; esa alteraci√≥n, que s√≠ ocurre, ya no es en s√≠ misma algo peculiar. ¬°Y claro que podr√≠a este animal mecanizado y de d√≥cil apariencia encarnar a un¬†ser¬†demon√≠aco!, pero ello estar√≠a inserto en una reflexi√≥n opcional permitida justamente por estar construido bajo esa ley impl√≠cita, seg√ļn la cual, ya se ha aceptado que las escaleras est√°n hechas para suavizar el roce entre espacios comunicados a diferentes niveles; espacios que, en cambio, s√≠ pueden estar animados de maneras inusuales; porque los espacios, m√°s que las escaleras, son los que afectan a las personas, y las personas, m√°s por los espacios que por las escaleras, parecen desear ser afectadas. Quien ha hecho antes escaleras, las ha hecho expresamente para que pasen desapercibidas o sobreentendidas; para que quien las use evoque la experiencia que le han facilitado; tal como cuando se brinda o charla con un amigo, y lo que se recuerda, por sobre el recuerdo del m√ļsculo siendo impactado por un vaso o un asiento determinado, es la peculiaridad del contenido humano expresado. Pero es tambi√©n posible, y hay que admitirlo, que de vez en cuando la peculiaridad de un vaso o un asiento s√≠ ayude a fijar en la memoria de una manera especial la experiencia humana de un brindis o de una charla.