ÉMBOLO

COMO SI UN DESFILE ACABARA DE PASAR, EL PAVIMENTO ESTABA LLENO DE PICADILLO DE PERIÓDICO. EL SEMÁFORO CAMBIÓ A VERDE, Y EL NIÑO DESCALZO QUE PEDÍA MONEDAS, SALIÓ CORRIENDO HACIA EL QUIOSCO DE LA ESQUINA. MIENTRAS SUS DOS COMPAÑEROS DISTRAÍAN AL VENDEDOR, TOMÓ UNO DE LOS GRUESOS DIARIOS QUE ESTABAN PUESTOS EN PILAS EN LA PARTE BAJA, Y DESAPARECIÓ POR UN BUEN RATO. TRAS UNAS CUANTAS VUELTAS DEL SEMÁFORO, REAPARECIÓ CON EL DIARIO HECHO PICADILLOS ENTRE LAS MANOS, Y LO AMONTONÓ SOBRE LA REJILLA DE VENTILACIÓN DEL METRO. PUSO ENTONCES LA OREJA EN LA REJILLA Y GRITÓ —¡AHÍ VIENE! CUANDO EL TREN DESALOJÓ EL AIRE DEL TÚNEL, COMO POR EL HOYO DE UNA JERINGA VACÍA CUANDO EL PISTÓN DE GOMA RECORRE EL BARRIL, JUNTO CON MI RISA Y LA DE LOS NIÑOS, ASCENDIÓ UNA GRAN NUBE DE PAPELILLO EN EL AIRE. JUGABAN CON EL MÁS GRANDE DE LOS TRENES ELÉCTRICOS, HACIENDO EVIDENTE ADEMÁS, Y DE UNA MANERA INESPERADA, EL PULSO DE LA CIUDAD.

2014   Foto