C U B O

—EL INFIERNO ES EL OTRO —ACABO DE DECIR, DESPUÉS DE UN LARGO SILENCIO Y CON UNA VOZ CLARA, COMO SI ALGO EN MI Y NO YO MISMO LO HUBIESE DICHO; COMO PARA HACER NOTAR QUE PREFIERO SEGUIR CONDUCIENDO EN SILENCIO QUE TENER QUE PARTICIPAR EN LA ODIOSA CONVERSACIÓN. PERO EL EFECTO ES OTRO. FELIPE, EN EL ASIENTO DE ATRÁS, DESDE SUS OCHO AÑOS DE EDAD, SORPRENDIÉNDONOS A TODOS, ha COMENZADO A EXPLICARNOS SU VISIÓN DEL INFIERNO. ES, EN POCAS PALABRAS, LA CONSTRUCCIÓN DE SU MIEDO A LA NADA.
—PERO, NO ES QUE NO HAYA NADA; HAY UN SUELO Y UN CIELO —LE DIGO.
—SI —RESPONDE—, HAY UN SUELO, PERO ALREDEDOR Y ARRIBA LO ÚNICO QUE SE VE ES ALGO NEGRO, COMO UN CUBO CERRADO QUE SE ALEJA SI UNO TRATA DE TOCARLO.